Mostrando entradas con la etiqueta productos ochenteros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta productos ochenteros. Mostrar todas las entradas

viernes, 15 de febrero de 2008

Electrodomèsticos ochenteros




ALgunas fotos de los electrodomèsticos de vanguardia en los 80.

¿Vieron que ya habìa refris metal como los que estàn de moda en nuestros dìas? Las lavadoras son de risa, las de rodillo todavìa se usaban; me acuerdo que mi madre tenìa una ùltimo modelo y se sentìa soñada.

jueves, 7 de febrero de 2008

Mini cinito


Otro de mis juguetes favoritos aunque, a decir verdad, no era mìo sino de mi primo, quien inventaba funciones de permanencia voluntaria los viernes por la noche.

El ritual siempre era el mismo: luces apagadas, cojines estratègicamente acomodados por todo su cuarto, refrescos, palomitas y los famosos e inolvidables "papelitos". Ustedes se preguntaràn què demonios eran los "papelitos", pues era un juego inventado por mi prima Tere para distribuirnos los lugares y gozar el film en turno. Cada quien sacaba uno al azar y tenìa que conformarse con un bueno o mal puesto. Ya se imaginaràn que a mì, por ser la màs chiquita, siempre me tocaba el peor lugar y Tere, como buena organizadora, se las arreglaba para quedarse con la cama y las palomitas.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Revista Ritmo


Mi primo Héctor tenía una colección enorme y yo lo envidiaba. En el librero de su cuarto guardaba celosamente decenas de revistas Ritmo, no me dejaba tocarlas sin su permiso y tenía que dejarlas como las había encontrado.
Era 1982 ó 1983 y yo era fan de Timbiriche. En una Ritmo venía un reportaje completísimo de los integrantes de la banda y Héctor la tenía guardada bajo siete llaves. Había que rogarle para que me la prestara. Una vez logrado el propósito pasaba minutos leyendo cada una de las declaraciones de los timbiriches y admirando sus fotos.
25 años después, todo esto me da pena. Vaya guilty pleasure que me aventaba.

¿Quién es el culpable? o el asesinato del señor X



Un juego clásico de mi infancia era adivinar quién había matado, en qué habitación y con qué arma al misterioso señor X.
Me juntaba con mis primos y, por medio de preguntas y mucha inteligencia, íbamos descartando sospechosos hasta dar con el culpable, que debía coincidir con el nombre escrito en la baraja del sobre colocado en medio del tablero.
Yo, que era la más pequeña, siempre perdía y acababa llorando ante la mirada atónita de mis primos que ya no sabían qué hacer conmigo: su adorable prima chillona. Qué risa.

¿Alguien más jugó quién es el culpable?

jueves, 8 de noviembre de 2007

Cámaras ochenteras



Qué risa con estas cámaras de fotos. A mí me regalaron una parecida allá por la Navidad del 88/89 y me sentía lo MÁ XI MO. La camarita venía como en un empaque circular padrísimo.

¿Y qué tal las Polaroid? ésas eran la neta. La primera vez que vi cómo se revelaba la foto al instante aluciné como tres días. Simplemente no lo podía creer.

¿Y la cámara oficial de Mafafa Musguito? ¿A alguien se la compraron? A mí sí y yo ya me sentía la periodista en cierne que algún día, bien que mal, llegué a ser.

viernes, 26 de octubre de 2007

Más anuncios ochenteros cortesía de Raquel

Raquel los acaba de poner en su blog y yo, de copiona, los pongo acá. GRACIAS POCHACA. Lo más padre es que están los anuncios de las camisas Manchester de la Méndez, de los Gansitos Marinela y su "recuérdame", de los chicles que hacían bombas grandes, grandes , de las plumas BIC y de las míticas pastillas Halls que mi abuelita siempre traía en su bolsa.

Y pues picada, encontré más anuncios clásicos como el de Sara García y su chocolate Abuelita. Por cierto, yo siempre pensé que mi abuelita Tere se parecía a doña Sara.

Dedicado para Martha, agrego el comercial que querías de Coca Cola de Rocío Banquells.

Ah, y para las fans de Luismi, uno de Coca Cola de principios de los 90. Yo no me acordaba de él.









La Casita del àrbol

Primero que nada, disculpas a Raquel por remover heridas, pero La Casita del Arbol fue mi juguete favorito de niña.

Me lo regalaron en Navidad y de inmediato se convirtió en mi consentida. Tenía elevador, tres cuartos con muebles y hasta una perrera. Además la podías llevar de aquí para allá porque se cerraba y tenía una asa. Creo que pasé los primeros años de mi infancia jugando horas con ella.

Fotito

jueves, 18 de octubre de 2007

Maratón



En mi familia era una tradición. De vez en cuando nos juntábamos en casa de mi abuelita primos, tíos y demás a jugar maratón. Primero cenábamos molletes, chilaquiles o lo que fuera para después sentarnos a tratar de vencer a la malvada ignorancia, cosa que casi siempre lográbamos.

Ah, qué buenos recuerdos.

martes, 16 de octubre de 2007

El Fabuloso Fred


Aprovecho este foro para sacar una gran frustración de mi niñez: siempre quise un Fabuloso Fred y nunca me lo compraron.

Mis vecinos de la privada de Tampico lo tenían y siempre que iba a su casa se me salían los ojos. Fred era perfecto, tenía 10 juegos que te retaban y además hablaba. QUE MARAVILLA (Holly, va sin ironías). Con mi otra vecina siempre nos peleábamos por el juguete y yo regresaba a mi casa rogándole a mis papás que me lo compraran, pero nunca lo hicieron. Ni modo.

¿Y a ustedes se les hizo tener uno? Cuenten.

sábado, 13 de octubre de 2007

Tortas Don Polo contra Burger Boy

Nosotros queríamos ir a Burger Boy y mi abuelita a comer tortas Don Polo. Los berrinches y lamentos no sirvieron: acabamos comiendo tortas cubanas con Manzanita Sol.

Y es que ir a Burger Boy a principios de los ochenta era sentirte dizque en el primer mundo por unos momentos. Recuerdo que a mi me extrañaba que se pagara antes de comer, que tuvieras que ordenar haciendo cola. ¿Se acuerdan del menú de Burger Boy? ¿De los pays, el consomé de pollo y las hamburguesas con harta lechuga?


Todo esto me huele a viejo.

viernes, 12 de octubre de 2007

Fuerza para vivir



A finales de los ochenta, Mèxico se vio invadido por una campaña religiosa. De repente tuvimos que tragarnos mañana, tarde y noche cientos de anuncios que invitaban a pedir gratuitamente el libro "Fuerza para Vivir", pues al leerlo cambiaríamos nuestra visión de la vida y "seríamos felices".

Dicen que detrás de esta millonaria campaña estaba un grupo cristiano estadounidense: la fundación Arthur S DeMoss. Cómo habrán estado las cosas que la en ese entonces Señorita México y segundo lugar en Miss Universo, Amanda Olivares, cayó en el jueguito y feliz de la vida recitaba aquello de "ten Fuerza para vivir, como yo, llama ahora al número tal".

Mi abuelita fue una de las tantas que recibió el librejo. Veinte años después aún lo tiene, intacto y lleno de polvo en su buró. ¿Alguna vez lo habrá leído?...habrá que preguntarle.

sábado, 29 de septiembre de 2007

Colors of Benetton


Cuando cumplí 15 años, sólo deseaba una cosa: un perfume Colors de Benetton. Mi papá nunca me lo compró, pero mi padrino se apiadó de mí.

Inolvidable la fragancia dulzona: tan fresa, tan nice. Me gustaba combinarla con la falda larga verde pastel; las dobles calcetas; la chamarra rosa pálido; la cinta de pelo pastel; los aretes y el copete enormes; las revistas TU; la música de Flans; el collage de mi cuarto; ALF; las conversaciones telefónicas con Mónica, Nancy y el hermano de Nancy; la novela de las nueve y todas las cosas sin importancia que eran mi referente en 1989, año de los sueños intactos, del fin de la secundaria y el futuro sin descubrir.

Me volví a poner cursi, perdonen la tristeza.

Cuadernos enjaulados

Este post lo hicieron ustedes, queridos cuatro lectores.

Todo empezó con un comentario de Clau en la mítica caja de recados.

CLAU: mochilas tipo portafolio de rejitas, ¿recuerdan?

Lo que desató una conversación plagada de recuerdos que reproduzco:

CRIS: Y las mochilas en forma de jaula eran genialessssssssssssss. La mía era azul.

MARTHA: Yo siempre me quedé con las ganas de una mochila de Jaula (aunque luego se desbarataban por el peso de los cuadernos)

HOLLY: Como buena niña ochentera también tuve mi mochila de Jaula y era negra, y mi hermana tiene una chiquita rosa, eso sí, ponía los útiles mejorcitos del lado que todo mundo fisgoneaba tu mochila. Yo la dejé al poco tiempo, como que no me gustaba mucho que le echaran ojo a mi torta de frijoles con huevo en chile rojo.

POCHACA o RAQUEL: Yo también tuve mochila de jaula, pero roja!!! y con tanto libro en la primaria, no quiero decirte como terminaron mis manitas...

CRIS: Ah, con las mochilas esas tenìas que tener todo bien ordenadito, si no te criticaban a morir.

Me gustó esta experiencia de post colectivo. ¿Se animan con otro tema? Propuestas en la caja mística/mítica.

Por cierto, ¿alguien tiene una foto de las mochilas enjauladas? No encontré nada.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Las rascahuele

Aquí sigue lloviendo y yo sigo salpicàndolos con mis recuerdos. ¿De repente no les llega un olor a rascahuele? A mí sí. Inolvidables las calcomanias con olor a chocolate, a fresa, cereza, plátano, pastel, palomitas y hasta a zorrillo (en mi escuela ésa era la más cotizada).

¿Quién no las coleccionó, intercambió, pegó en muebles, cuadernos y demás? En la casa de mis padres aún sobreviven algunas, adheridas a un viejo álbum de recortes de mi preadolescencia.

En esta página encontrarán muchas fotos de rascahueles. Lo malo es que la web está protegida y no te deja volarte las imágenes. Así que a darle click.

http://www.angelfire.com/pa4/birding4life/ALTrascahueleSNS.html

jueves, 20 de septiembre de 2007

Trapper Keepers


Si eras fresa como yo, tenías que tener una. En mi caso, nada más servía para presumir que me había ido a "Macalear" y que me sentía muy acá porque en mi secundaria y prepa se usaban cuadernos, no carpetas. Creo que sólo la usaba para guardar hojas sueltas, exámenes y circulares.

De todas formas, eran padrísimas, con diseños modernísimos para esa época, con cincuenta mil chunches incluidas (como tips para estudiar, directorio y calendario), y además eran abrefácil, no como las horribles, tercermundistas y antiprácticas carpetas Made in Mexico.

Ay, qué mamila me vi con este post.

domingo, 2 de septiembre de 2007

Los niños de la col

Tenías que tener uno o estabas out. A mí me lo regalaron en Navidad y fui la niña más feliz del mundo. Mi Col, digo mi Cabbage Patch, se llamaba Paulette y era fea como ella sola, pero el chiste era amarla como si realmente fuera tu hija. Digo, para eso traía acta de nacimiento y firma de autenticidad en la pompa.

Como todo lo que inventan los gringos, alrededor de las Cabbages se creó toda una industria del marketing y hasta salieron los anticabbages,los Garbage Patch, que eran aún más feos que los originales (¿¿¿¿¿?????)

Una publicidad de la época.

sábado, 1 de septiembre de 2007

Combis o el auto para las familias numerosas


Antes de las SUV, de las Station Wagon y demás, existieron las Combis. Eran el coche ideal para las todavía familias numerosas de los 80.

Mis padrinos tenían una, blanca y último modelo, en donde cabíamos todos, pero todos. No sólo ellos y mis cuatro primos, sino también las abuelitas, las tías, los típicos colados y, por supuesto, yo, que era tan chiquita y flaca, que cabía en cualquier rincón.

A mí me encantaba subirme a la Combi. Iba super cómoda aunque los asientos no lo fueran tanto. Me gustaba ir echando relajo con tanta gente o escuchando los KCTs de tríos de mi madrina. Además, generalmente, si íbamos en bola es porque mi padrino, en ese entonces con dinero, nos llevaba a comer delicioso a La Tablita o a Liverpool de Insurgentes o a El Palacio de Hierro de Durango.

Foto de una Combi de principios de los 80.

miércoles, 29 de agosto de 2007

Dulces gringos al salir de misa

Este es un recuerdo chilango. Ofrezco disculpas a los de provincia. ¿Se acuerdan que los domingos afuera de algunas iglesias vendían dulces gringos?. Eran las épocas del super proteccionismo priísta, en el que encontrar productos de importación en las tiendas era misión más que imposible. Así que señoras con posibilidades de ir a fayuquear a McAllen regresaban cargadas de porquería y media, entre ellas los anhelados dulces gringos.

A mí me encantaba ir a misa a Santa Mónica o a la Santa Cruz, sobre todo acompañada de mi prima Myriam, pues sabía que ella encontraría la forma de chantajear a mi abuelita para que nos comprara los dulcecitos de colores, los que hacían burbujitas en tu boca.

La foto, una vez más, se las debo porque ni siquiera me acuerdo cómo se llamaban los dulces de marras.